[RAGLAN] Eran días de verano

En el monte ya está comenzando a hacer frío y el verano ya se está despidiendo violentamente, lo que realmente me tiene con depresión y borracha. 
La melancolía es tanta que me puse a revisar las fotos de nuestro paseo a Raglan, un pueblo/ciudad muy precioso medio surfista selvático que queda en la costa oeste de NZ y al cual creo que fuimos los primero días de enero, en un  day off que justo por milagro nos calzó a los dos juntos.

Sólo fuimos por el día, pero lo disfrutamos con la vida. Recorrimos horas en auto por unos bosques maravillosos, que sin exagerar han sido de los paisajes más lindos que he visto con estos ojitos.

Obviamente primero que todo, como no podíamos partir el día con la guata vacía, nos fuimos a zampar un rico lunch a este café súper preciosísimo y gourmet shúper loco en el downtown.

De la orgásmica carta, elegimos una ensalada tipo césar con un ”poached egg crocante”, el que aún me pregunto en mi intimidad cómo cresta lo hicieron. También comimos unas papitas fritas curvy y una especie de calzone relleno de pollo y verdurillas. Toi tomando nota de todos estos platillos para después lucirme en Chile.

Cuando ya teníamos el ombligo parao’ nos fuimos, en auto obvio mi cuerpo no daba más, a recorrer por ahí.

Los paisajes me dejaron enamorada. Los colores eran tan vivísimos.

Cristián se encontró con su primo lejano en pleno autodescubrimiento de sus gónadas. Luego de la foto de rigor lo dejamos tranquilo para que pudiera continuar.

Soy una despreocupada.

Hola me creo Heidi y estoy en búsqueda de mi abuelito 1313

Estos árboles me tienen loca.

Nuestro nuevo amigo ”the sheep” lookiando el camino relajao.

Me creo la flexible y qué? Bueno…con retención de líquidos claramente.

Comprenderán que no podíamos viajar con el estómago vacío, así que después del paseo fuimos a un pub bastante elegante para nuestro prontuario a comernos unos calamaris y tomarnos unos juguitos. Estaban bien deliciosos pero esto de la comida tan gourmet minúscula nos queda en una muela. 

Porque como la idea no es chocar nuestro pequeño Ferrari, me inyecté a la vena un café de nuestro restaurant favorito para estar alertísima al camino. No estaba tan rico, así que con mi autoridad de barista semi profesional le doy sólo 2 jumbitos.

A la vuelta estuvimos a punto de sufrir la pana del tonto, gracias a la virgen santa encontramos una bencinera india que nos salvó la vida. Moraleja para Cristián, no cargar el auto de a $10 dólares.

¿Les gustó nuestro paseo?
Besos

2 pensamientos en “[RAGLAN] Eran días de verano

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